Parece que fue ayer cuando el joven gobernador de Estado de México era anunciado como el candidato a la presidencia por el partido de la revolución mexicana, en ese tiempo la gente aclamaba al nuevo líder como la esperanza de un cambio, si bien, su victoria sobre los demás candidatos no fue aplastante aunque si fue suficiente para dejarlo llegar con más gloria que pena, el encarcelamiento de la maestra enviaba un mensaje al mundo de que había alguien nuevo en el poder y que tenía ganas de hacer algo, la boda pública con la actriz coloreaba la historia que nos hacía recordar aquellas míticas novelas de siempre, al parecer los mexicanos estaban contentos.

Al principio todo fue bien, pero, conforme fue avanzando el sexenio el gobierno se fue desgastando, para Peña cada reforma sumaba una victoria para su gobierno, para la gente y para los medios, representaba una nueva batalla en contra de una perspectiva vertical con la ausencia de diálogo, las instituciones miopes, los gobernadores corruptos, los alcaldes asesinos y los sindicatos charros cavaban la tumba que terminó por hundir a sus dirigentes y al partido que lo sostenía. Y si, Peña terminó por perderlo todo, su credibilidad, la confianza, el respaldo del partido, las elecciones, los aliados y hasta el momento, la que fuera su esposa.

Peña Nieto no es mas que la misma historia de los presidentes en México, un mesías que perdió el rumbo mientras se cegaba de poder, parece que estamos condenados a vivir esta historia una y otra vez, pero ¿por qué? ¿elegimos malos presidentes?, ¿somos malos ciudadanos?, ¿o es que es el efecto de un sistema que a la vez de compactar todo el poder en una persona, también compacta las responsabilidades en un mismo individuo?, lo cierto es, los ciudadanos queremos magia, no de este, del anterior, de su antecesor y el que viene, ¿qué haremos para no esperar el fracaso del nuevo presidente?

¿Hasta cuando vamos a ser parte de las decisiones?, es evidente, los políticos suelen perder el piso, se olvidan de las personas, se olvidan de las promesas, pero nuestra pobreza, la miseria social, las casas de cartón no, esas no desaparecen…