Pocos de nosotros tuvimos la suerte de vivir en el campo, aunque para algunos no es tanto como suerte, sino una completa desgracia.

De entre las casas de palapa y cartón, se alzan un puñado de mexicanos listos para trabajar la tierra que la revolución les dio, desafortunadamente, no son capaces de cosechar en sus propias tierras, lo poco que gana un campesino lo invierte en comida y gastos de la familia para algunos días, lo que sobre, será para comprar un poco de semilla para sembrar aquel suelo que cada vez está más seco. 


Sin embargo, se aferran, no se si por ignorancia o por esperanza, permanecen arando y sembrando aquella tierra estéril bajo el implacable rayo del sol, para fortuna o desgracia, el sufrimiento no es exclusivo de los padres, sino que en cuanto puedan caminar, cargar una pala y un azadón, los hijos de aquellos miserables yacerán descalzos trabajando a la par en aquella tierra estéril, que si es bondadosa aportará para que pueda comprar su primer calzado de lujo, “unos huaraches”. 


Qué ironía la campesina, por fin son dueños de la tierra, pero no son dueños de nada, parece mentira, hace cien años nuestros ancestros luchaban por la tierra y libertad, y lo lograron, ahora los campesinos son libres y tienen la tierra, sin embargo, permanecen esclavos de la miseria, continúan sometidos ante el olvido de un país pujante que busca el progreso, pero en aquél progreso no se incluyó al campo.


Por alguna razón la estrategia para salvar al campo mexicano ha fracasado una y otra vez, los programas de gobierno, las despensas, los prestamos, los créditos, infinidad de esfuerzos inútiles que solo reflejan la incompetencia de un gobierno que ha sellado su destino “la miseria eterna”.
Nosotros te preguntamos, cuál es la mejor estrategia para salvar al campo?
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