De la voz de aquellos que han leído un libro de historia se dice que existe un pecado original, un pecado político que se prometió jamás se volvería a cometer, de hacerlo podría provocar una guerra civil como la que se dio en los años de la mítica y ya olvidada “Revolución Mexicana” si, estamos hablando de la reelección.

Sin embargo, aquel fruto prohibido del cual se prometió jamás comer, ha quedado profanado. En el 2014 fue aprobada una reforma política, la cual en su haber preveía una serie de cambios al sistema político y electoral de México “por si alguien se indignó y quería hacer algo, no… ya se aprobó desde hace ya cuatro años, sorpresa”

De hecho, la posibilidad de poderse reelegir podrá ser posible a partir del 2018, por lo que los diputados, senadores además de alcaldes que queden electos en este año, podrán gozar de este precioso beneficio.

Esto solo viene a confirmar algo, estamos en proceso de construir una nueva clase social en México, “La realeza política”, políticos que rotan en los cargos y saltan de puesto en puesto, lo cual de por si ya generaba que unos cuantos se mantuvieran en el poder, ahora estos mismos se mantendrán perpetuos por siempre.

Ahora bien, la nueva tendencia apunta a ceder el poder a los hijos de políticos, los cuales ostentan cargos sin merito alguno, además de una clara inexperiencia en lo que están trabajando.

Se habla sobre premiar a los buenos políticos, pero siendo sinceros, ¿premiarlos aún más?, viajes, bonos, pensiones, vales, sueldos de reyes, solo faltaría comprar sillones con tela bañada en oro, y tronos de plata para que puedan dormir a gusto en sus curules.

Los políticos mexicanos se están encargando de destruir todas las victorias que se ganaron con tanto sacrificio en nuestra revolución mexicana y están logrando que en un futuro dedicarse a la política solo será un privilegio de apellidos y de sangre, tal y como si se tratase de príncipes y virreyes si, nadie los detiene, porque los que están en el poder, son perpetuos.

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