En las últimas décadas hemos sido testigos del proceso de democratización en América latina, tal suceso se ha llevado a cabo de una forma paulatina y accidentada, es notorio que tal incursión está caracterizada por múltiples problemas de naturaleza tan plural como naciones que componen la región; dichos problemas no han sido superados y, en ciertos casos, son profundizados por la incapacidad de sus gobiernos y la apatía de sus  gobernados, entre el vaivén del desarrollo, permanece latente la desigualdad, exclusión, pobreza, apatía, y desconfianza.

Dicho proceso no es ajeno a nuestra nación, en el encauce democrático del país, se han logrado crear nuevas formas de participación ciudadana, los cuales plantean un nuevo esquema de interacción entre el Estado y la sociedad civil. De este modo se replantea la relación de estos dos actores y el papel que juegan en el desarrollo democrático de México.

Este nuevo contexto genera las condiciones necesarias que dan pauta a la inclusión, integración y complementación de los dos principales actores, (el Estado y la sociedad civil) por consiguiente la administración pública se vuelve más efectiva, eficaz y legítima.

Dicha situación por supuesto no se ha logrado de un momento a otro, y por demás es evidente que no está perfeccionada, claro está, es un proceso que tomará varios años y un ejemplo de ello es que, aunque en México existe una incipiente democratización, esta no se ha consolidado por distintos aspectos.

Pareciera que no existe sinergia entre los actores involucrados, presenciamos instituciones incapaces de estimular a los ciudadanos, y ciudadanos incapaces de exigir resultados a las mismas, esto se debe a que no se ha logrado un desarrollo integral de los organismos que revisten el sistema, y es que tampoco se ha logrado construir una  efectiva organización de la sociedad civil que contribuya al mismo fin en conjunto, en pocas palabras, el proceso de democratización ha sido incipiente, mas no recíproco y equilibrado.

Surge la interrogante del papel que juegan las organizaciones de la sociedad civil en el vaivén de una nación, un actor clave en el desarrollo democrático de un Estado por su   capacidad colectiva y de organización, es necesario revisar cómo es que interactúan en las decisiones de la administración pública, como se organizan, como actúan, pero de más importancia, como inciden políticamente.

 

Consideramos que en los últimos años ha habido un incremento potencial de las capacidades de influir en las decisiones públicas por parte de las organizaciones de la sociedad civil en México, sucede que la incidencia política ya está siendo llevada a la práctica por algunas asociaciones civiles, sin embargo, permanece desconocida para muchas otras, ante todo esto, la incidencia ha tomado fuerza y vital importancia en la manera de actuar de estos organismos para influir en las decisiones públicas.

 

Lic. Armando Solís                                                    

México tiene una sola voz

 

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